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viernes, 1 de enero de 2016

Síndrome de los Palos Largos

 Me sacó de la calor de la cama una necesidad ordinaria, que los hombres solemos hacer en pié, aunque yo, algunas veces, lo haga a la mujeriega por prescripción médica, que viene a ser sentado en el inodoro y no de cuclillas, cuando aún la luna iluminaba la mar de soslayo.

 Terminada la micción y al poco de prepararme la infusión de manzanilla amarga, que la ingiero porque entona el estómago, es antipirética, analgésica y antinfalmatoria y aún siendo un trago amargo, Más cornadas da la vida en la elecciones y las supera uno con la cabeza bien alta aunque, la manzanilla amarga no es amnésica ni anestésica.

 Bueno a lo que iba, después de esculpir mi texto del amanecer, tecla a tecla sobre pantalla blanca, y fotografiarlo sin poder capturar el fuerte viento de levante que soplaba, que tenía a mi bandera tricolor contorsionándose como loca, de pronto sentí lo que yo llamo el Síndrome de los Palos Largos.


 El Síndrome de Palos Largos es como la llamada de la selva, o la llamada de Tarzán con el Uuuuuuhhh,Uuuuuuh, Uuuuuuh, Uuuuuuuuh, que los animales no podían resistir el ir a su encuentro, pero en este caso te llaman los ácaros, las pelusas, que siempre son las mismas, le puedes hasta poner nombres. Las pelusas son correosas, volátiles, traicioneras, poco amigas de la salud y eternas como pocas cosas eternas existen en esta vida finita.

 La lucha contra las pelusas se libra con herramientas de palos largos el cepillo, masculino, heredero de la escoba, femenino, y con la fregona, heredera de la balleta, de rodillas al suelo que ejercían en mayoría las mujeres. La fregona debió inventarla un hombre para quitar el humillante trabajo a su esposa, pero no para que la usaran los hombres, aunque esto ha cambiado y sigue cambiando, sin que todavía el fregona sea un alargamiento del brazo masculino tanto como lo es del femenino.

 Pero dicho lo cual, pregunto a mis contactos de correo electrónico y a los amigos de la red caralibro el porqué, los cepillos de barrer se le rabinan los bigotes como si se rebelaran contra las pelusas y estas se les subieran sus barbas. Y qué decir de las fregonas que pierden pelo y se les pegan las pelusillas que huyeron del cepillo y se ensucian cuando lo que pretenden es limpiar.

 Espero deseoso las respuestas a tan trascendentales preguntas. Gracias anticipadas.
Manuel Sánchez Vicioso.
Narrador.

Málaga, 28 de diciembre de 2015.