Síndrome
de los Palos Largos
Me
sacó de la calor de la cama una necesidad ordinaria, que los hombres
solemos hacer en pié, aunque yo, algunas veces, lo haga a la
mujeriega por prescripción médica, que viene a ser sentado en el
inodoro y no de cuclillas, cuando aún la luna iluminaba la mar de
soslayo.
Terminada
la micción y al poco de prepararme la infusión de manzanilla
amarga, que la ingiero porque entona el estómago, es antipirética,
analgésica y antinfalmatoria y aún siendo un trago amargo, Más
cornadas da la vida en la elecciones y las supera uno con la cabeza
bien alta aunque, la manzanilla amarga no es amnésica ni anestésica.
Bueno
a lo que iba, después de esculpir mi texto del amanecer, tecla a
tecla sobre pantalla blanca, y fotografiarlo sin poder capturar el
fuerte viento de levante que soplaba, que tenía a mi bandera
tricolor contorsionándose como loca, de pronto sentí lo que yo
llamo el Síndrome de los Palos Largos.
El
Síndrome de Palos Largos es como la llamada de la selva, o la
llamada de Tarzán con el Uuuuuuhhh,Uuuuuuh, Uuuuuuh, Uuuuuuuuh, que
los animales no podían resistir el ir a su encuentro, pero en este
caso te llaman los ácaros, las pelusas, que siempre son las mismas,
le puedes hasta poner nombres. Las pelusas son correosas, volátiles,
traicioneras, poco amigas de la salud y eternas como pocas cosas
eternas existen en esta vida finita.
La
lucha contra las pelusas se libra con herramientas de palos largos el
cepillo, masculino, heredero de la escoba, femenino, y con la
fregona, heredera de la balleta, de rodillas al suelo que ejercían
en mayoría las mujeres. La fregona debió inventarla un hombre para
quitar el humillante trabajo a su esposa, pero no para que la usaran
los hombres, aunque esto ha cambiado y sigue cambiando, sin que
todavía el fregona sea un alargamiento del brazo masculino tanto
como lo es del femenino.
Pero
dicho lo cual, pregunto a mis contactos de correo electrónico y a
los amigos de la red caralibro el porqué, los cepillos de barrer se
le rabinan los bigotes como si se rebelaran contra las pelusas y
estas se les subieran sus barbas. Y qué decir de las fregonas que
pierden pelo y se les pegan las pelusillas que huyeron del cepillo y
se ensucian cuando lo que pretenden es limpiar.
Espero
deseoso las respuestas a tan trascendentales preguntas. Gracias
anticipadas.
Manuel
Sánchez Vicioso.
Narrador.
Málaga,
28 de diciembre de 2015.
