viernes, 1 de enero de 2016

Manolo Garvayo


Manolo era,
de eso estoy seguro,
Málaga convertida en persona humana.

Ángel Caffarena.
Editor

A los pocos días de abrir en Facebook el evento Senator Ser Vicius me encontré a Paco Garvayo en la conferencia de Cultura Alimentaria en el Ateneo y me dijo, El cuadro que tienes detrás de ti en la foto del muro de tu candidatura es de mi padre. Le contesté que sí, que la había hecho a cosa hecha y que el cuadro lo tengo en el lugar más importante de mi pinacoteca doméstica.

El cuadro, creo, que Manolo Garvayo lo tituló Camino del Paraíso, quiero recordar que me lo dijo Antonia, su esposa, en óleo sobre lienzo de 96x74 cm. La familia y yo le tenemos un cariño especial a ese cuadro porque era el último que pintó y estaba en el caballete de trabajo cuando falleció, de hecho le faltan algunas pinceladas, o le sobran, en el cuarto inferior derecho cerca del marco. El lienzo está sin firmar. También me obsequiaron un retrato al óleo de El Lengua.

Cómo qué lo tengo yo el cuadro, pues sencillo, Antonia García Bello de Morales, su viuda y sus tres hijos Manolo, Paco y María Dolores Garvayo García me lo regalaron en agradecimiento a que fuera el proponente y Juez Instructor del expediente que terminaría con la concesión de la Medalla de la Ciudad de Málaga a Manolo Garvayo López a título póstumo el 10 de mayo de 1988. En la segunda corporación malacitana de 1983-87 que fui concejal portavoz del Grupo Comunista y es cuando propuse la concesión de la medalla.

Manolo y Antonia fueron vecinos míos, con él compartía conversaciones en muchas ocasiones en paseos y en su estudio La Quinta del Sordo sito en El Perchel y en su imprenta en la barriada José de Salamanca, cerca de Carranque. También con Antonia cuando le anuncié la idea de proponer la medalla de Málaga para su marido, pues tuvimos muchas conversaciones y me facilitó toda clase de documentación para tal fin, que conservo la mayoría fotocopiada y alguna original como algunos libros.

La entrega de la medalla estuvo acompañada por sendas exposiciones de su obra en la Sociedad Económica Amigos del País y en el Antiguo Museo Provincial de Málaga, también pusimos su nombre a un colegio público cerca de su última residencia y del Hospital Regional Universitario y organizamos una velada literaria, realizada en el Salón de los Espejos del ayuntamiento, donde participaron Manuel Alcántara, Rafael Pérez Estrada, Juvenal Soto, Antonio Beltrán Lucena, Laurentino Heras, Pepe Porras Aguilera, Césare Barca, locutor y poeta que vino al homenaje desde Verona, donde vivió Garvayo con nuestro amigo Eugenio Chicano.

Ante la presencia de Antonio Beltrán Lucena, El Niño de la Yerbabuena, el joven Juvenal Soto expresó su disconformidad por su participación, ya que no lo consideraba un poeta, pues solo hacía trovas. La responsabilidad de que estuviera Antonio en el elenco poético era exclusivamente mía, ya que fui quien comprometió a todos para el recital, ya que lo consideraba un poeta popular lo mismo que el homenajeado un pintor de lo popular.

En el acto solemne de entrega de la medalla de Málaga la familia entregó a Pedro Aparicio, a la sazón alcalde de Málaga, un cuadro en agradecimiento al homenaje que le hacía el consistorio a Manolo Garvayo y con posterioridad donó la familia, ante notario, al ayuntamiento de Málaga 99 obras que se trajeron de Verona, Italia, hecho del que fui promotor y testigo.

Publico hoy este relato porque es el 104 aniversario del nacimiento del artista malagueño Manolo Garvayo López.


Manuel Sánchez Vicioso.
Narrador.

Málaga, 28 de diciembre de 2015.

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