Manolo
Garvayo
Manolo
era,
de
eso estoy seguro,
Málaga
convertida en persona humana.
Ángel
Caffarena.
Editor
A
los pocos días de abrir en Facebook el evento Senator Ser Vicius me
encontré a Paco Garvayo en la conferencia de Cultura Alimentaria en
el Ateneo y me dijo, El
cuadro que tienes detrás de ti en la foto del muro de tu candidatura
es de mi padre. Le
contesté que sí, que la había hecho a cosa hecha y que el cuadro
lo tengo en el lugar más importante de mi pinacoteca doméstica.
El
cuadro, creo, que Manolo Garvayo lo tituló Camino del Paraíso,
quiero recordar que me lo dijo Antonia, su esposa, en óleo sobre
lienzo de 96x74 cm. La familia y yo le tenemos un cariño especial a
ese cuadro porque era el último que pintó y estaba en el caballete
de trabajo cuando falleció, de hecho le faltan algunas pinceladas, o
le sobran, en el cuarto inferior derecho cerca del marco. El lienzo
está sin firmar. También me obsequiaron un retrato al óleo de El
Lengua.
Cómo
qué lo tengo yo el cuadro, pues sencillo, Antonia García Bello de
Morales, su viuda y sus tres hijos Manolo, Paco y María Dolores
Garvayo García me lo regalaron en agradecimiento a que fuera el
proponente y Juez Instructor del expediente que terminaría con la
concesión de la Medalla de la Ciudad de Málaga a Manolo Garvayo
López a título póstumo el 10 de mayo de 1988. En la segunda
corporación malacitana de 1983-87 que fui concejal portavoz del
Grupo Comunista y es cuando propuse la concesión de la medalla.
Manolo
y Antonia fueron vecinos míos, con él compartía conversaciones en
muchas ocasiones en paseos y en su estudio La
Quinta del Sordo
sito en El Perchel y en su imprenta en la barriada José de
Salamanca, cerca de Carranque. También con Antonia cuando le anuncié
la idea de proponer la medalla de Málaga para su marido, pues
tuvimos muchas conversaciones y me facilitó toda clase de
documentación para tal fin, que conservo la mayoría fotocopiada y
alguna original como algunos libros.
La
entrega de la medalla estuvo acompañada por sendas exposiciones de
su obra en la Sociedad Económica Amigos del País y en el Antiguo
Museo Provincial de Málaga, también pusimos su nombre a un colegio
público cerca de su última residencia y del Hospital Regional
Universitario y organizamos una velada literaria, realizada en el
Salón de los Espejos del ayuntamiento, donde participaron Manuel
Alcántara, Rafael Pérez Estrada, Juvenal Soto, Antonio Beltrán
Lucena, Laurentino Heras, Pepe Porras Aguilera, Césare Barca,
locutor y poeta que vino al homenaje desde Verona, donde vivió
Garvayo con nuestro amigo Eugenio Chicano.
Ante
la presencia de Antonio Beltrán Lucena, El
Niño de la Yerbabuena,
el joven Juvenal Soto expresó su disconformidad por su
participación, ya que no lo consideraba un poeta, pues solo hacía
trovas. La responsabilidad de que estuviera Antonio en el elenco
poético era exclusivamente mía, ya que fui quien comprometió a
todos para el recital, ya que lo consideraba un poeta popular lo
mismo que el homenajeado un pintor de lo popular.
En
el acto solemne de entrega de la medalla de Málaga la familia
entregó a Pedro Aparicio, a la sazón alcalde de Málaga, un cuadro
en agradecimiento al homenaje que le hacía el consistorio a Manolo
Garvayo y con posterioridad donó la familia, ante notario, al
ayuntamiento de Málaga 99 obras que se trajeron de Verona, Italia,
hecho del que fui promotor y testigo.
Publico
hoy este relato porque es el 104 aniversario del nacimiento del
artista malagueño Manolo Garvayo López.
Manuel
Sánchez Vicioso.
Narrador.
Málaga,
28 de diciembre de 2015.

